1 may. 2011

Mis muertos más frescos (3): Ernesto Sábato

Fuente | Página|12

La muerte de uno de los más grandes novelistas latinoamericanos del siglo XX deja un poco huérfanas a las letras del otro lado del 'charco'. Ernesto Sábato ha fallecido cuando estaba a punto de ser centenario aunque hace ya mucho tiempo que su voz alcanzó categoría de inmortal. Solo tres novelas, algunos ensayos y una actitud moral intachable le bastaron para pasar a engrosar las filas del batallón de escritores dignos de sobresalir en la Historia de la literatura universal. Como tal han reseñado su óbito los medios de allá y de acá: bella y dolida literatura acerca de su honda y sublime literatura. En España, El Cultural recupera un panegírico de Claudio Magris escrito en vida del ahora ausente:

"Sábato es un universo, un laberinto, yo no puedo ciertamente dar brevemente un cuadro completo. Me detendré sólo en lo fundamental: para empezar es un gran escritor que en una larga vida ha escrito tres novelas, por eso ha estado siempre libre de la ansiedad de publicar; un hombre que ha demostrado también esta libertad del deber de estar siempre presente, del deber de ser siempre un artista; es esto lo que permite a la escritura ser grande.

Sábato une dos verdades. Dos verdades necesarias que expresa el escritor, que se mezclan, nutriéndose una de la otra, haciendo de una la coartada de la otra. Son la verdad diurna y la nocturna. El lado diurno, y el monstruoso mundo de sus tinieblas, como dice en sus páginas.

En el gran libro Antes del fin, Sábato dice al principio que en él no se encontrarán sus verdades más atroces, que las verdades más atroces se encuentran en sus ficciones, enmascaradas, porque de lo contrario no podría confesarlo a cara descubierta. Es un problema, creo, fundamental; no hay un escritor en el mundo que haya sabido expresar con tanta fuerza, y con tanta lucidez y honestidad, esta verdad. [...]

Sábato es también un extraordinario ensayista. Pienso en sus ensayos, que son de los más claros, de los más lúcidos. Es un escritor que, cuando se ocupa del lado diurno, lo hace como un credo; yo no conozco otro escritor que haya sabido hacerlo con tanta responsabilidad. ésta es una virtud de la que muchos escritores, también grandes, a menudo carecen casi por completo. Luego hay también las otras verdades. Son las verdades que vienen de la escritura nocturna. Es grandioso que un hombre sepa ser grande en las dos dimensiones. Normalmente tenemos a escritores que son grandes en una, o en la otra. Pero cuando Sábato habla con su escritura nocturna, sus visiones nos hablan de excesos, hablan de cosas indignas, que van más allá de aquello que la conciencia puede consentir. [...] 

En esta obra nocturna Sábato escucha y hace hablar a otra voz. Una voz que es suya pero que en buena parte desconoce, y que va más allá de aquello de lo que es consciente. Él mismo ha escrito una vez que no sabría explicar qué ha querido decir en sus novelas. Sobre héroes y tumbas, este subsuelo de tiniebla, esta historia terrible; su libro más grande me acompaña en la vida. También El túnel, también Abaddón el exterminador; pero sobre todo éste, que yo creo el libro por el que Sábato estará para siempre en la historia. [...]

Esto hace grande a Ernesto Sábato, deja hablar a ese otro escritor, a ese doble, corriendo el mismo riesgo que corre también el escritor, hablando de verdades arrebatadoras. El escritor, en su lado diurno, quiere que el sol no resplandezca igual sobre los justos y sobre los injustos, y la grandeza de Sábato, y no de muchos más, es que él se ha enfrentado con la escritura nocturna, con el escándalo de la vida. él baja a las tinieblas, ve la medusa, ve la cabeza enredada con las serpientes, y la cabeza enredada con las serpientes no se puede embellecer, por lo tanto él no sufre la fascinación del horror. [...] ésta es la grandeza de Sábato, este coraje, esta lucha. Sus obras son luz y tiniebla; todo lo que tiene la vida. Saber unir la aventura de la vida con el juicio, el compromiso, la moral. Para seguir con la buena lucha, como decía San Pablo.

La vida es más de todas formas que cualquier escritura. Y la humildad de Ernesto Sábato, que se convierte en coraje, su pasión, su ironía, lo hacen grande. El gran arte sabe que tiene que servir a la existencia, como decía Esquilo, que hizo que en su tumba se pusiera simplemente que había luchado con valor en Maratón. Frente a un gran escritor, como Ernesto Sábato, hay que decirle simplemente gracias por existir, por ayudarnos a vivir con mayor valor y con humildad. Leer a Sábato, compartir la vida con él, nos ayuda a vivir mejor".

Fuente | YouTube

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