8 jun. 2011

Mis muertos más frescos (5): Jorge Semprún

Fuente | El Cultural

"Nacido en el seno de una familia de la alta burguesía (su abuelo materno, Antonio Maura, fue ennoblecido por Alfonso XIII) que se comprometió con la Segunda República, hijo del embajador en La Haya durante la guerra, estudiante refugiado en París desde 1939, joven 'maquisard' bajo la ocupación nazi, torturado por la Gestapo e internado en el campo de Buchenwald, militante del PCE desde la liberación, miembro del Comité Central desde 1954 y del Buró político desde 1956, expulsado oficialmente del partido en 1965, ministro de Cultura de Felipe González en la monarquía parlamentaria... La reflexión teórica, la vocación literaria y la militancia política se disputaron a lo largo de su vida la pugna por constituirse en su seña de identidad principal, sin lograr ninguna de ellas desplazar nunca enteramente a las demás". Esta es la perfecta (aunque incompleta) síntesis que Javier Pradera traza apresuradamente en El País de la trayectoria vital de su compañero de industrias y andanzas Jorge Semprún, fallecido en París hace unas pocas horas a los 87 años.

Semprún fue muchos hombres: Federico Sánchez y algunos heterónimos más en la clandestinidad comunista; el preso 44.904 de Buchenwald; el ministro de Cultura más cultural de la (social)democracia española; "un enciclopedista" (González);  "un español universal" (Molina) o "un escritor francés que amaba sobremanera nuestro país" (Juristo); "un guionista comprometido" (Riambau); "un gran intelectual" (Goytisolo); "un rojo español" (Ridao); el perfecto equilibrista entre 'la escritura o la vida' (Valcárcel)... Pero Jorge Semprún fue, principalmente, "el hombre que no conoció el rencor" (Arroyo): "una rareza" (Vargas Llosa) "excepcional" (Gracia) alumbrada en nuestra península histérica y madurada a lo largo y ancho de un continente -el viejo- en el que fue testigo, protagonista y, más tarde, cronista, de los episodios más calamitosos del sangriento siglo XX; un siglo al que "se basta por sí solo para dar carácter" (González).

España, y los españoles, no le trataron todo lo bien que debían -en esto parece haber unanimidad-, y en esta triste hora, tarde ya para enmendar tamaña injusticia, se hace imprescindible recordarlo.

Fuente | RTVE

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