22 jun. 2011

Mis posmodernos favoritos (56): Manuel Jabois


La red tiene estas cosas: un lector de provincias -pongamos de Badajoz- puede tener como columnista de cabecera a un escritor de provincias -pongamos de Pontevedra- y quedarse tan fresco. Donde no llega el papel llega lo virtual, que, paradojas de la posmodernidad, termina siendo mucho más real que aquel. Así que el lector de provincias -un servidor- lleva siguiéndole la pista al gallego Manuel Jabois -incomprensiblemente más joven que él- desde que este se hiciera en 1993 con el premio de periodismo Julio Camba -con tan solo 25 añitos-. Camba escribió hace casi un siglo en ABC: "A mí se me ocurren muchas tonterías, y en cuanto tengo confianza con la gente las digo. [...] Necesito que ustedes no me tomen nunca completamente en serio. Ni completamente en serio ni completamente en broma". Y Jabois hizo suya la confesión del ilustre paisano desde el principio: asegura escribir sus artículos "a través de un personaje que no sentía ni reía, sino de un tipo de cierta distancia escéptica y humor desesperado", con "una mirada entre sobrepasada y terriblemente cínica, de quien tiene que bajarse trabajosamente de la gamela, de la chalana, a contar una actualidad cien veces vista".

Esto lo dice en el prólogo de Irse a Madrid y otras columnas, una (imprescindible) antología que acaba de reunir con lo más granado de su precoz (aunque dilatada) trayectoria. En una de las reseñas que he leído sobre ella, Txani Rodríguez concluye: "Provisto de un tono cercano a la autoparodia -'hablar de mi es un tema que me tiene fascinado'- y con un talento extraordinario para hacer literatura como quien no quiere la cosa, Manuel Jabois convierte la anécdota en algo trascendental, lo oficial en anecdótico, el personaje en persona y esta compilación de columnas en una crónica contemporánea tan lúcida como descacharrante". Vale como aproximación. Mucho más que la realizada por mi admirado Arcadi Espada: "Las crónicas de Jabois tienen mérito, y el principal rehuir el amaneramiento que da el saberse un joven escritor. Tiene además bien medido el tono de estupefacción que da el paulatino descubrimiento del mundo. Quiero decir que no canta como una calandria. En las crónicas hay, además, algo nuevo e importante: la influencia del blog".

No estoy de acuerdo: Jabois no rehuye el amaneramiento. Precisamente el mayor acierto de su escritura -a mi parecer- es la vuelta a la edad de oro del columnismo, a los clásicos del periodismo del siglo XX. Jabois escribe con letra de molde sirviéndose de las nuevas tecnologías y ahí radica su mérito. No oculta sus deudas expresivas -esos "quiere decirse que" y "o sea" tan umbralianos- aunque las difunda a través de un blog, Apuntes en sucio, del que beben algunos medios del grupo El Progeso y la revista digital FronteraD. En él se puede gozar del arte (y ensayo) de uno de los mejores cronistas de la era que nos ha tocado vivir, cuyo diario -también alojado allí- debería convertirse en el manual del 'egotrip' de tanto iletrado juntaletras como padecemos.

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