8 jun. 2011

Mis posmodernos favoritos (48): Hermano Lobo

Fuente | Hermano Lobo

Desaparecida justo antes (6 de junio de 1976) de mi llegada a este mundo (15 de julio de 1976), Hermano Lobo fue una (admirable) publicación humorística que alivió la rutina del tardofranquismo y que, una vez cumplida su principal misión, se extinguió para certificar la certidumbre de que con(tra) Franco se vivía mejor. Como nunca pude bajar al quiosco a comprarla -también a eso llegué tarde-, supe de ella gracias a la nostálgica prensa progresista, que de cuando en vez miraba hacia atrás sin ira para echarle un piropo. Luego vinieron las antologías en forma de libro -alguna de ellas hace bulto en mi biblioteca- y los ejemplares sueltos arrancados a pellizcos a los tenderetes del (bajo) Rastro y a ese invento denominado feria del libro antiguo y de ocasión. Por último, los milagros de la posmodernidad han permitido que una iniciativa conjunta de la Universidad de Salamanca, José Ángel Ezcurra Carrillo y Ediciones Pléyades haya puesto a disposición de los internautas más cachondos la colección completa de los 213 números de aquel impagable "semanario de humor dentro de lo que cabe".

Como cuenta La Ciberniz -página web de la Academia del Humor nacional-, la vida de Hermano Lobo "se extendió, desde el 11 de mayo de 1972 al 6 de junio de 1976. En ese tiempo se publicaron de 213 números. Su tamaño era de 38 X 25 cm., su precio inicial de 15 pesetas, estaba impreso en buen papel de excelente gramaje, constaba de 16 páginas y se utilizaban dos tintas, de forma que el color fuese mudando semana a semana.

Creado y animado por Chumy Chúmez (aunque al principio figurara como director Ángel García Pintado, después sustituido por Bernardo de Arrizabalaga), se inspiró en Charlie Hebdo y procuró dar la máxima importancia a los dibujantes, relegando a los escritores a una tarea complementaria, mientras les obligaba, además y en la medida de lo posible, a ocultar sus nombres verdaderos bajo los correspondientes seudónimos, de manera que no había forma de identificar la personalidad que se ocultaba tras ellos.

Veamos algunos ejemplos: Arturo Ruibal era Sir Arthur, Emilio de la Cruz Aguilar, Mc Macarra y Aemilius, Joaquín Jiménez Arnau, Jimmy Corso, Francisco Umbral, Lord y Tío Óscar, y así. Otros articulistas fueron Carlos Luis Álvarez 'Cándido' que se firmaba Licántropo, Luis Carandell, Luigi Sametegal y Don Luis, Manuel Vicent, José Luis Coll y Rosa Montero; pero quienes atraían la máxima atención eran los artistas gráficos: Chumy Chúmez, Manuel Summers, Gila, Perich, Cesc, Ops, y Forges [...].

Posteriormente el equipo se fue incrementando con dibujantes como Saltés, Dodot, Cortázar, Amalito y Ramón, al tiempo que Ops se desdoblaba también en El Roto, mientras otros escritores aumentaban asimismo su nómina: Eduardo Haro Teclen, que también se firmaba como Pozuelo, y Manuel Vázquez Montalbán como Sixto Cámara o Adolfo".

Cierto es que en Hermano Lobo había más santos que señas, pero no es menos cierto que en sus textos se podía leer entre líneas el ideario del antifranquismo más recalcitrante, aquel que, una vez iniciada la transición hacia aún no se sabía qué, acalló un humor que oscilaba entre lo blanco y lo negro propios de la época pero que no supo adaptarse al colorín de los nuevos tiempos.


Fuente | Hermano Lobo

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