12 abr. 2011

Corrupción vs. abstención

Fuente | El País

'La corrupción se presenta a las elecciones'. Así de rotundo era el titular que abría el reportaje colectivo publicado por el diario El País el pasado domingo, en el que se daba cuenta del altísimo porcentaje de candidatos imputados con que tanto PP como PSOE concurrirán a las próximas elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo. La enferma democracia española, y sus contagiados ciudadanos, permitirán una vez más este atentado contra la más elemental decencia pública (y lo aplaudirán agrupados en rebaños de cientos de miles camino de las urnas). Como es costumbre en la península histérica.

La corrupción -principal delito cometido por nuestros mandamases- nunca ha sido convenientemente castigada por estos lares. La Historia de España está escrita con tinta corrupta y el pueblo la estudia (poco) y la repite (mucho), añadiendo su particular gota al tintero colectivo: quizá porque se reconoce en sus líderes; a lo peor porque se identifica con los arribistas del poder, porque siente (malsana) envidia de los que alcanzan la (escasa) gloria con la que sueña.

Lo noticioso hoy en día, por paradójico (y lamentable) que parezca, es encontrar un político honrado a nuestro alrededor. Lo bochornoso es que se sienten en los banquillos judiciales los ciudadanos de bien que tratan de poner coto a esa (numerosa) jauría de depredadores políticos, mientras los que estafan las ilusiones del populacho se atiborran (impunes) de vítores y votos.

Defender la abstención es un derecho; practicarla, una obligación. España agoniza manejada por (¿presuntos?) delincuentes que demandan nuestra colaboración para la comisión de sus actos. En nuestra mano reside el poder de mantenernos a este lado de la ley, con la conciencia tranquila, con la dignidad intacta.

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