9 abr. 2011

El (inocuo e inicuo) veneno de Sostres

Fuente | cadenaser,com

El ínclito Sostres la ha vuelto a liar y -nobleza obliga- me veo impelido, una vez más, a dar publicidad -poca, para su desgracia- a sus barrabasadas mediáticas, siquiera para poner el acento en la reacción que estas provocan a diestro y siniestro. En esta ocasión ha sido a cuenta del 'asesino de la webcam', el joven rumano que estranguló a su pareja y mostró el cadáver a su padre por internet.

Nada nuevo bajo el sol, lamentablemente, ni en lo desgraciado del acto homicida ni en la reacción del insufrible juntaletras. Pero has de saber: que el artículo en cuestión se publicó en la edición impresa de El Mundo y en el blog de la edición digital de dicho diario que recoge las defecaciones pseudointelectuales de Sostres; que el director de la publicación ordenó la retirada del polémico artículo de la web y lamentó no poder hacer lo propio con los ejemplares impresos; que un centenar de periodistas de El Mundo solicitó a Pedro J. que prescinda de Sostres; y que este nuevo capítulo en la indigna intrahistoria del actual periodismo patrio ha vuelto a dividir a la profesión entre los unos -pocos, los de siempre- y los otros -la inmensa mayoría- y se resolverá en los tribunales, que deberán pronunciarse sobre diversas iniciativas emprendidas desde los más variados frentes contra el arribista opinador.

La doble moral de Pedro J., ya legendaria, queda al descubierto con este párrafo publicado por José María Izquierdo en El País: "Se disculpaba ayer el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, de que su periódico hubiera publicado la columna de Salvador Sostres que desató la polémica que aquí han visto reflejada. 'Fallaron los controles', dijo. Me va a permitir Ramírez que discrepe. Los artículos de Salvador Sostres son siempre, un día tras otro, del mismo cariz que el publicado ayer. En unos, es verdad, se despelleja y en otros se desuella. Sostres es un provocador, faltón y virulento. Y lo es en cualquier circunstancia. Y desde hace muchos, muchos años [...] Y es precisamente por eso, por su profesionalidad en el ejercicio de lo soez, por su desvergüenza desafiante, por lo que el director de ese medio le dio acomodo destacado en sus páginas. Y no solo le alquiló una columna, sino que, además, con todo el desparpajo que resulta de la suma del desparpajo de cada uno de ellos, le permitió, durante semanas y meses, que opinara sobre lo divino y lo humano".

La defensa de Sostres se sustancia en las palabras de su amigo -y compañero de páginas- Arcadi Espada: "Sostres dice en su artículo que el asesinato tiene causas. Y señala que la causa es el adulterio de la mujer asesinada. Naturalmente se trata de una irresponsable osadía intelectual. Qué sabrá Sostres ni nadie sobre los porqués, a 24 horas del qué. Pero, en absoluto, es una irresponsabilidad moral, al margen del hablar sin saber. Todo ese griterío espeluznante que clama contra el columnista también cree que hay causas. Concretamente, y en el caso que nos ocupa, el sexo masculino y su inexorable deslizamiento hacia el crimen por causas de índole biológica y cultural. A mí me parece lamentable que el periódico incluya el epígrafe 'Terrorismo doméstico' en sus informaciones sobre el crimen de pareja. A mí me parece inmoral que el léxico y las actitudes de buena parte del periodismo y de la sociedad contemporáneos criminalicen al conjunto de los hombres en cada asesinato que comete un hombre. Trato de combatir esos argumentos, y hasta con pasión; pero nunca se me ha ocurrido exigir que los prohíban. Del mismo modo me repugnan todos aquellos que aún con las vísceras calientes de la víctima condenan, por ejemplo, el terrorismo islamista, pero enseguida añaden que hay causas: la presión israelí, el hambre, el atraso. Y me repugnan porque causas suele ser un eufemismo de causas justas. Ni siquiera voy a negar que ese eufemismo pueda hallarse activo en el artículo de Sostres, a pesar de sus empalagosos y constantes recordatorios a cada línea del carácter injustificable del crimen. Pero lo cierto es que esa inmoralidad, de haberla, impregna cada día las páginas del periódico, de Hernani a Bagdad, pasando, de vuelta, por Bengasi y Grozni. Sostres dice que el adulterio es la causa. Como otros dicen que la miseria es la causa. Como otras dicen que es el hombre en sí. Habría que exigirles estudios, no hogueras".

Mi sentencia sobre el asunto es mucho más concisa, se resume en que esto es lo que hay... lo que nos merecemos. Pero... ¿y si todos tuvieran algo de razón?

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